Cuentos de Ciencia Ficción

Hijo de las estrellas

Faltaba muy poco para el momento, ese momento que lo revelaría todo, el porqué de las cosas, el porqué de todo lo que con obsesión había soñado. Una vez más se apoderan de ella sensaciones extrañas así como las extrañas ideas de tono obsesivo que cada vez son más sin sentido, le preocupa su feminidad y vuelve a sentir incertidumbre tanto por ella como por el mundo.

En el instante siguiente abre sus ojos y se desplaza por las frías partes de su cama que no sintieron su calor en toda la noche, hace frío pero su cuerpo suda por lo que está a punto de pasar. En lo más bajo de su cama una ráfaga de aire cálido de la ciudad entra por la apertura que da entre sus sábanas y sus pies y la excitación se apodera de ella.

No siente la puerta pero sí el viento que se hace más denso, un olor extraño pero intenso se apodera del ambiente y se da cuenta de que el momento ha llegado, todo lo que está esperando está a nada de pasar, quien se detiene frente a ella manipula lo que siente como a un títere su titiritero, uno que además es experto en lo que hace y a ella le encanta.

Hijo de las estrellasEl aire ya se puede palpar, ya es denso y todo se vuelve plateado gracias al resplandor de la luna en la ventana más alejada de la habitación. La belleza del individuo que la flanquea por ambos costados se puede apreciar nada más con ver su torso perfecto, además su cabellera dorada lo hace una ilusión única.

Entregarse ante aquello en evidentemente fácil, no hay mucho que se pueda hacer para detener el vendaval que entra en cuerpo y al contrario de querer buscar una salida en él, se apodera de todo su ser y la hace bailar cual ángeles el cielo o diablillos en el inframundo. La música no es tal, solo es una melodía entendible para ella y para su autor.

El placer está en cada una de las células que la conforman, desde la punta de sus pies hasta su cabello están completamente excitados, los músculo están tensos, más tensos, las manos buscan una posadera en la gran espalda que la aprieta a la cama, las yemas de los dedos no consiguen nada en qué aguantarse pero la sola sensación de poder acariciar tal espectáculo la llena aún más de satisfacción.

El balanceo parece interminable, pero nadie quiere que se termine, gracias a Dios por tanto placer y por hacerlo tan y tan placentero, ninguna palabra sale de la boca de nadie en la habitación, la almohada se llena de agua salada proveniente de ambos cuerpos y todo está a punto de culminar en la cúspide del mundo, eran rey y reina en su gran trono a la luz de la luna.

Así como un temblor la montaña plateada se balancea fuera de su suelo húmedo y yace a su lado con una sonrisa cual estrellas en medio de la luna, todo ha terminado, ahora que se acabe el mundo.